Le agarré un trozo de jersey.
—Te has puesto mi jersey preferido.
—Lo sé. —De repente, en un movimiento no exento de gracia, se agachó y se puso mi mano, que sostenía, en el hombro.
—Ponte cómoda, cielo mío. Estos tacones no te harán falta hasta que no estés lista para follar.
Mi sexo se contrajo con anticipación.
—¿Y si ya lo estoy?
—No lo estás. Lo sabrás cuando llegue el momento.
Trasladé el peso de mi cuerpo de un pie a otro cuando Gideon me descalzaba.
—¿Ah, sí? ¿Cómo?
Alzó la cabeza y me miró con aquellos ojos tan azules. Estaba casi de rodillas, quitándome los zapatos; sin embargo, el control que tenía de sí mismo y de mí era innegable.
—Estaré metiendo mi polla dentro de ti.
Cambié el peso de mi cuerpo de un pie a otro pero esta vez por otra razón. Sí, por favor.
Se enderezó, y de nuevo su figura surgió imponente ante mí. Me pasó las yemas de los dedos por la mejilla.
—¿Qué tienes en la bolsa?
—¡Ah! —Me quité de la cabeza el hechizo sexual con el que me había encandilado—. Un regalo para tu nueva casa.”

Me gusta esta trilogía. La he leído y no me ha decepcionado.
ResponderBorrarCariños!